Eloi Palau acaba de proclamarse campeón del mundo de ciclismo en la modalidad de trial por primera vez en su vida. «Es como un sueño cumplido», dice cuando recuerda lo que sucedió hace apenas un mes en Abu Dhabi, en un evento en el que terminó en lo más alto del podio y con el precioso maillot arco iris en su cuerpo.
«Ya han pasado unos días y poco a poco lo voy asimilando» cuenta a Yo Soy Noticia sobre la mejor competición de su especialidad. «Estoy muy feliz porque esto es el fruto a muchos años trabajando para conseguirlo«, sigue explicando sobre su victoria.
Un oro para la historia
Esta, además, llegó ante dos compatriotas suyos, Alejandro Montalvo, con quien también habló Yo Soy Noticia días antes de partir hacia Abu Dhabi, y Borja Conejos, los tres mejores del planeta en dicha modalidad.
«Tenemos tan buen nivel los tres pilotos españoles que los títulos se deciden más por pequeños errores que por la diferencia de técnica que pueda haber de unos a otros»
Son rivales, sí, pero también compañeros. Y lo que tiene clarísimo es que los unos a los otros se retroalimentar y se obligan a subir el nivel constantemente. «Esto es muy importante. Si ganas con más facilidad puedes tender a relajarte un poco, pero no es el caso porque el nivel de los tres es muy alto».

Tanto es así que en 2021 ya fueron los tres que coparon las tres plazas del podio en el Mundial, sin embargo, entonces el campeón fue Borja, mientras que Palau se tuvo que conformar con una tercera plaza que este año ha revertido hasta conseguir el título de campeón del mundo.
«Esto me da mucha confianza y mucha ambición para seguir trabajando igual y hacerlo con el objetivo de volver a ser campeón del mundo«, dice entusiasmado alguien que ya logró este éxito como júnior y que ahora ha sabido cerrar el círculo logrando el más preciado de los jerseys ciclistas.
Nuevo objetivo: Glasgow 2023
Alguien que tiene tras de sí una historia vital que pone los pelos de punta y cuya salida hacia delante le «ha ayudado» a estar donde está ahora, celebrando el campeonato del mundo. «Cuando te pasa algo como lo que me pasó a mí maduras mucho más rápido».
«El Mundial del año que viene va a ser especial porque se celebra en Glasgow a la vez que todas las demás modalidades ciclistas. Va a ser una gran fiesta para todos»
Acostumbrados a estar relegados a un pequeño espacio en medios muy especializados, Palau es consciente que Glasgow será un momento de máxima exposición mediática. «Allí habrá muchísimos medios de todo el mundo que podrán ver y contar lo que hacemos, disfrutar de un deporte que es realmente muy espectacular», apunta sobre este hecho.
Además, para él será especialmente importante esa cita única en agosto (en 2024 se volverá a Abu Dhabi y sin compartir evento con el resto de especialidades) porque será la primera vez que defienda el título de campeón del mundo y acudirá allí «con el objetivo de revalidarlo. En 2023 va a ser mi gran objetivo de nuevo. No hay ninguna duda de eso«, grita a los cuatro vientos una vez logrado el gran reto de su vida deportiva.

No duda que le gustaría que el desafío también pudiera ser convertirse en campeón olímpico, pero eso es algo que él ve bastante lejano todavía. «Se que hay gente trabajando para que nuestra especialidad se convierta en olímpica en algún momento, pero no es sencillo, la verdad. Las plazas de los deportes están limitadas, así que creo que es algo que yo ya no podré disfrutar como deportista, pero ojalá se acabe consiguiendo».
El día que cambió su vida
Lo explica todo con esa sonrisa que acompaña a alguien que está emocionado y feliz, aunque recuerda que el proceso hasta llegar a la cima no ha sido sencillo porque hace ahora algo más de tres años de aquel terrible accidente que lo cambió todo en su vida.
«Estaba en los Dolomitas, a más de 3.000 metros de altitud, piso una roca, se mueve y estalla una mina de la Primera Guerra Mundial. No oigo nada, solo un pitido, me mareo y pierdo el conocimiento»
Lo describe tan a la perfección que cuesta no imaginar cómo es la sucesión de los hechos. «Nunca estás preparado para un accidente, y menos para uno como este en el que te explota una bomba de la Primera Guerra Mundial. Es algo surrealista si lo piensas en frío», sigue recordando.
«Para mí fue un golpe muy duro, tanto física como mentalmente», reconoce ahora, bastante tiempo después. «Lo que me ocurre a mí es como lo que pasa en las películas, lo que pasa que yo no piso la mina, explota al apoyarme en la piedra y que se mueva debajo».
Es consciente de que pasó más de un año «muy mal», sin embargo, ahora que lo ve todo con perspectiva es capaz de encontrar una parte positiva. «Me hizo crecer como persona, me hizo aprender a valorar mucho más las cosas. En parte, yo creo que me ayudó a ganar este Mundial».
Pero el proceso y los meses iniciales fueron complicados. «Tardé mucho en recuperarme; tenía afectados los dedos, los ojos, el oído… y la parte mental. No estuve bien para ir en bici durante un año o año y medio porque estaba bastante mal», dice alguien que recuerda algunas cosas de aquel momento.
Dudas sobre su futuro deportivo
«De los primeros momentos sí retengo cosas, pero luego cuando llega el helicóptero y los médicos ya me sedaron y a partir de ahí solo me acuerdo que veía todo amarillo. No sé lo que me dieron, pero las horas pasaron muy deprisa», sigue contando. «Primero me llevan a un hospital en el que me hacen todas las pruebas y después a un segundo hospital que es en el que me operan los ojos, la mano, me curan todas las quemaduras…»
«Durante ese tiempo, muchas veces pensé que se había acabado mi carrera deportiva. Tenía los dedos de la mano muy mal y no sabía si podría agarrar un manillar. Eso me dio mucho malestar y ansiedad»
Por suerte y gracias a su trabajo y esfuerzo pudo revertir la situación hasta el punto de que lo más bonito de su trayectoria lo estaba esperando no muy lejos. «Hay un primer día que quise probar si podía agarrar bien el manillar. Es ahí cuando cambia un poco todo porque me doy cuenta que no estaba todo acabado», resume.
Y vaya sí tuvo razón ese día. Poco más de tres años después de aquel fatídico momento en las montañas italianas, Eloi Palau puede clamar al cielo que es campeón del mundo.





