Virginia Pérez Mesonero es una fantástica atleta, una de esas mujeres cuya vida está ligada a las zapatillas de correr y a la montaña, donde se siente como en casa. Por eso, en una época en la que las carreras están aplazadas o suspendidas debido a la crisis sanitaria del coronavirus, ha decidido emprender diferentes retos por su cuenta y riesgo.

Hace alrededor de un mes se hizo con el récord en La Bucardada, que era el primero de los tres desafíos que se había planteado para este verano. Se trataba de hacer los tres dosmiles (Toronzué, Litro y el Pilupin) del Pirineo aragonés, algo que hizo estableciendo un nuevo récord en lo que a la categoría femenina se refiere.

Tres desafíos en uno

No contenta con ello, ahora ha seguido adelante con los otros dos desafíos y ya ha superado también el del Bisaurin, una montaña de 2.670 metros de altitud, un asalto para el que ha tenido que prepararse a conciencia. Eso sí, en sus planes iniciales de este tríptico ahora le tocaba el Garmo Negro y Monte Perdido, algo que la nieve ha impedido, invirtiendo, por tanto, el orden de las dos subidas.

Sin embargo, nada parece detener a esta mujer, que sigue corriendo con el objetivo de «motivar a las mujeres».

«En muchos picos o sendas no hay aún registros femeninos. Es un buen año para empezar con ello».

Así que la corredora del Team Sport HG AML ha establecido la mejor marca femenina en Bisaurin, quedándose a tan solo cinco minutos del registro marcado por el mejor chico, en poder de Fran Naval con 1h35:50. Virginia Pérez llegó a la cima en 1h40:51.

Para llegar a la cima de Bisaurín, considerada como una montaña de fácil acceso y sin una gran dificultad técnica, nuestra protagonista eligió la ruta que parte desde la Selva de Oza, en el Puente Mirador de Santa Ana, que es el punto más bajo del valle. Desde allí partió teniendo que superar un total de 10,3 kilómetros y un desnivel positivo acumulado de 1.700 metros.

«Creo que es un tiempo estupendo, a tan solo cinco minutos del récord masculino. Estoy muy contenta porque he tenido muy buenas sensaciones desde el principio»

Así iba resumiendo Pérez Mesonero este segundo reto veraniego. «Ha sido muy exigente. Al principio se sube mucho desnivel, luego hay tramos de correr mucho y en la parte final hay una zona muy bestia. Me he dado cuenta que puedo correr por zonas donde hace dos años lo veía imposible».

Así es como ha vivido ella la experiencia de ascender en el menor tiempo posible esta montaña, algo que le ha supuesto un gran e importante «crecimiento personal. Eso es lo que más me gusta de estos retos».

Queda el Garmo Negro y Monte Perdido

Eso sí, todavía no ha concluido ese desafío que tenía tres patas claras. La primera fue la mencionada Bucardada, la segunda el asalto a la cima Bisaurín y ahora tendrá que poner el cierre con el asalto al duro Garmo Negro, el que iba a llevar a cabo en segundo lugar pero que ha tenido que posponer por la nieve acumulada en el pico y en la cima de Monte Perdido.

«Todavía quedaba nieve presente. Hay que tener siempre mucho cuidado porque la montaña manda y la paciencia es una gran virtud».

Lo único que está claro es que la vida de Virginia Pérez Mesonero está totalmente ligada a la montaña, algo que ama y que le apasiona. «Me encanta entrenar y divertirme. La naturaleza es mi hogar y los animales mis compañeros de piso. Siempre quiero superarme a mí misma, día a día. Eso es lo que me mueve. Soy una persona perseverante y que no teme al fracaso».

En definitiva se trata de eso, de disciplina, de ilusión, de pasión y de mucho amor por su deporte y por la naturaleza.