Estamos acostumbrados a escuchar esa frase de que ‘algunos héroes no llevan capa’. Y es bien cierta porque en tiempos como los que corren se comprueba a la perfección. Uno de ellos es Pablo Diéguez, quien ha logrado acabar la durísima e infernal Garmin Titan Desert y ahora tiene que doblar turnos en el hospital de Orense para trasladar a pacientes y fallecidos por culpa del coronavirus.
Y es que el mundo ha cambiado mucho en apenas dos meses. Él, que trabaja como celador en el Hospital Comarcal O Barco de Valdeorras (Orense), está librando la batalla más dura de su vida, peleando en primera línea contra este virus que ha transformado todas las sociedades, sin excepción.
«En esta guerra no hay labores propias y toca hacer de todo para ayudar a los compañeros, algo que también pasa en la Titan»
La Titan Desert, clave contra su depresión
Y es que esa exigente carrera de bicicleta de montaña le cambió la vida y le hizo «ser más fuerte psicológicamente», algo que él mismo reconoce y explica. «Es una carrera que me cambió la vida desde el primer momento en que me propuse el reto. Estaba en la peor época de mi vida, donde todas las cosas salieron mal. Afronté el entrenamiento y el reto inmerso en una gran depresión«.
Sin embargo, salió adelante y «muy fortalecido» después de finalizar la decimotercera edición de la prueba que se disputa en el norte de África. Y aunque compara ese desafío con el que libra diariamente ante el Covid-19, sabe perfectamente que no tiene nada que ver, porque contra el virus no hay preparación o entrenamiento posible.
«Te sientes como un novato y sabes que no puedes desesperarte porque no hay una fecha para su final»
Foto: Titan Desert
Y eso que él mismo sabe perfectamente que acabar la Titan Desert fue fundamental, además de que lo convirtió en una persona mucho más madura. «Mucha gente me pregunta si paso miedo», algo que entiende como lógico trabajando horas y horas contra el coronavirus.
«La mascarilla me asfixia. Las gafas no me dejan ver bien la realidad. La pantalla, la bata, guantes, gorro y calzas son agobiantes pero es la mejor defensa. La energía cada día es menor y la incertidumbre de cuándo acabará esto es dura»
Ansiedad y miedo
Así es como se siente diariamente en su trabajo. Y es una situación que le genera «ansiedad«, como no podía ser de otra forma. «Es mi triste aliada porque tengo un hijo de 10 años en casa y el riesgo es doble porque mi mujer es enfermera y está en la misma situación que yo. Miedo, sí, por supuesto, mucho miedo, frustración y dolor físico y mental ante esta situación».
Pero no le queda otra que adaptarse y tirar hacia delante, arrimar el hombro más que nunca, con turnos dobles y trabajando muchas horas y días seguidos. Esta situación ha sobrepasado a todo el mundo y él no es la excepción. «Lo más duro de todo no es que me contagie, ya que la vida me dio lecciones que me hicieron muy fuerte mentalmente», explica.
«Y en parte eso se lo debo a mi participación en la Titan«, una carrera que no deja de citar por todo lo que supuso para él. «Mi mayor miedo es a llevarlo conmigo de forma invisible, así que estoy tomando todas las medidas que están a mi alcance».
La escuela de ciclismo Tres Lunas Valdeorras
La vida de este deportista gallego también sufrió un golpe muy fuerte cuando perdió a su prima, Rosa, tras un accidente de coche. «Fue muy duro. Dejé la bici de lado y fueron unos amigos de mi hijo los que me incentivaron a dar clases de ciclismo». No fue fácil tomar la decisión, pero pensé que si lo hacía, ella estaría orgullosa de mí.
Y así es como se forjó el nacimiento de la escuela de ciclismo Tres Lunas Valdeorras, que es la primera de la comarca del mencionado nombre y que cuenta ya con 50 alumnos en la actualidad. «Los echo mucho de menos. Y con el parón del Covid-19 a ver cuándo podemos volver a disfrutar de lo que más nos gusta», ha terminado finalizando un Pablo Diéguez, que fue titán y que ahora es héroe con su pelea diaria contra el coronavirus.

Foto: Titan Desert





