Baste su respuesta a la pregunta de qué es lo que más le incentiva del rugby para entender, aunque no lo parezca por el físico tan desarrollado que tiene, que estamos ante una adolescente de apenas 16 años de edad. “Lo que más me gusta de este deporte es que haces muchas amistades de otros equipos”.
Porque María Vidal, pese a estar jugando entre chicos y en una categoría como la sub 16 de la Selección Valenciana, todavía ve el deporte con la inocencia de esos jóvenes que van al partido por el simple hecho de pasarlo bien.
Con esas ganas de vestirse de corto para disfrutar junto a los suyos sobre el césped, sin estar corrompida (en eso el rugby es un ejemplo de buenos valores) por ese afán competitivo que en otros deportes mancha la experiencia formativa de gente tan joven.
Pero ella es actualmente un caso único en lo que se refiere a las Selecciones Valencianas de rugby de la presente temporada, donde al igual que en las competiciones escolares todavía está permitido que chicas de su edad jueguen mezcladas con chicos. Aunque al espectador no entrenado le sorprenderá repasar el acta del último partido disputado por el combinado autonómico sub 16, comprobando que el único rastro femenino es el suyo.

La clave del éxito
Ni en el resto de sus compañeros, o en el oponente que era la selección de Madrid sub 16, encontramos más mujeres. Entonces, ¿por qué ella todavía aguanta jugando a estas alturas con los chicos? Ya están en una franja de edad donde el castigo físico puede ser mayor, y siempre se ha dicho que el desarrollo muscular de los hombres a estas edades marca diferencias todavía más grandes con las mujeres.
La clave radica en la normalidad que el rugby le da a todo este proceso. Y no solo cuando se trata del entorno de selecciones autonómicas. En los clubes es parte del panorama formativo el ver a las chicas mezcladas con los chicos hasta bien avanzada su adolescencia, y es precisamente este detalle el que luego hace que lleguen mejor preparadas a las categorías Senior.
Así lo entiende José Juan Hurtado, el seleccionador que cuenta con María en su equipo de la valenciana. ‘Jota’, que es como se le conoce en el mundillo, tiene claro que son las virtudes y ganas (aquí no se regala nada) de María las que le dan oportunidades dentro del equipo valenciano sub 16. Un atrevimiento para seguir entre los chicos que otras compañeras no tienen cuando llegan a estad franja de los 15-16 años.
Ella no le da importancia a todo esto, aunque para el foráneo del rugby es un hecho algo más relevante. “Empecé a jugar a los 10 años o así al rugby y siempre he jugado con chicos, ya me tratan como uno más de ellos”, afirma entre risas la joven rugbier valenciana.
En su casa este deporte es el pan de cada día, ya que ella ha seguido los pasos de un padre que jugó en el Rugby Club Valencia y de un hermano que tras pasar por el CAU, ahora viste los colores del Rugby Club Valencia (Tecnidex Valencia por razones de patrocinio).
María aguanta en el CAU Rugby Valencia, donde en uno o dos años máximo ya podría dar el salto al primer equipo Femenino que compite a nivel territorial. Mientras tanto, jugar entre chicos es lo habitual para ella. Y no hay ninguna queja por su parte. “Siempre me han tratado muy bien”, responde a la pregunta de si ha tenido alguna mala experiencia con compañeros o rivales.
“Ahora que ya somos todos más mayores y los golpes también son más fuertes, la clave es acostumbrarse”, reconoce María, que lleva unos 6 años rodeada de chicos sobre el césped. Para ello, además de un físico privilegiado para el rugby, cuenta con un trabajo de gimnasio que como les pasa a todos en esta categoría sub 16, ayuda a soportar mejor los avatares del partido.

Las ventajas
María no ve extraño, ni encuentra particularidad alguna en que chicas de su edad jueguen todavía con chicos en Campeonatos de España de Selecciones Autonómicas. Es más, el año pasado ya vio casos idénticos en las selecciones de Navarra y Cataluña. Y seguro que ella no será la última que en la Comunitat Valenciana recorra este camino.
Una senda de mejora a todos los niveles dentro de un mundo del rugby que, si algo tiene de especial con respecto a otros deportes, es que les ofrece la oportunidad a las chicas desde que son muy pequeñitas de seguir más tiempo jugando con los hombres. Un hecho que, como ya hemos contado, luego redunda en el mejor juego de éstas.
El jugar con chicos me ayuda bastante, se juega a otro ritmo distinto al femenino. Es todo más rápido e intenso”, afirma la joven valenciana, que aprecia la mejora sustancial que experimenta en su juego cuanto más tiempo pasa en el entorno masculino.
Su familia, curtida en el rugby, no sufre por ella, o al menos se preocupa igual que si estuviera jugando con chicas de su edad. La propia María lo recomienda a otras jóvenes, que a estas edades todavía tengan la oportunidad de jugar en un equipo y competición donde son mayoría los chicos. “Se están perdiendo una oportunidad de aprender a jugar mejor y más duro”.
Por eso su intención es la de aprovechar este contexto al máximo, hasta que le llegue el salto al Senior Femenino del CAU. Hasta entonces, siendo uno de las pocas chicas que están con los hombres en la Selección Valenciana y en las inferiores del CAU, confía en seguir ofreciendo su mejor versión cada vez que le toque saltar al césped.
En esta categoría mi entrenador ya me dijo que los golpes no eran los mismos que antes, que ahora eran más duros. Pero eso lo que hizo fue motivarme a jugar lo mejor que pudiera para competir al mayor nivel, y así he llegado a jugar con la selección”, concluye.





